Pero es una coincidencia extrañamente improbable el hecho de que algo tan impresionantemente útil pueda haber evolucionado por pura casualidad, y algunos pensadores han decidido considerarlo como la prueba definitiva e irrefutable de la no existencia de Dios. Su argumento es más o menos el siguiente:
– Me niego a demostrar que existo -dice Dios- porque la demostración anula la fe, y sin fe no soy nada.
– Pero -dice el hombre- el pez Babel es una revelación brusca, ¿no es así? No puede haber evolucionado al azar. Demuestra que Vos existís, y por lo tanto, según vuestros propios argumentos, Vos no. “Quod erat demonstrandum”.
– ¡Válgame Dios! -dice Dios- no había pensado en eso… -y súbitamente desaparece en un soplo de lógica.
– Bueno, eso era fácil -dice el hombre, que vuelve a hacer lo mismo para demostrar que lo negro es blanco y resulta muerto al cruzar el siguiente paso cebra.


Extraído del libro del autor: “Guía del autoestopista galáctico”.

Douglas Adams | (1952-2001). Escritor y guionista radiofónico inglés.

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