Espero, de las bondades del Exaltado, el Vivificador de las almas, que no descanses ni un momento sino que palpites constantemente como la pulsación de una arteria en el cuerpo del mundo, para infundir el espíritu de vida en las almas y hacer que la gente se eleve al cenit del Reino.

Bahá Abdu’l | (1844-1921). Hijo del fundador y profeta del baharismo y heredero.

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